Quién?

Gracias por leer!!!

La mayoría de las publicaciones aún son borradores... Me despido no sin antes decir: Tras las acciones, un lleno total; tras las propuestas, un gran público; en la batería, un lobo; y en la voz e inspiración y no menos importante y al contrario, lo más importante, tú: una flor azul detrás de mis pensamientos… Gracias totales!!!

Orgullo, honor, piedad y bondad; prólogo de una vida al borde del dolor

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“Miré al prisionero a mi lado, tratando de calmar su dolor sonreí. Le pedí que tuviera orgullo, honor, piedad y bondad; en ese orden, ya que primero debes tener orgullo de tu existencia para así no traicionarla y atacar a la vida; en segundo debe de ir el honor, pues aunque el carcelero lo golpeaba sin descanso, él era más fuerte, ya que sus ideas, sentimientos y motivos tenían sentido a diferencia del carcelero; en tercer lugar piedad, pues su corazón estaba en paz y tranquilo con la vida; y para finalizar bondad, ya que el corazón y alma y por consiguiente, sentimientos del atacante, se encontraban en penumbras, sin bondad alguna y para poder sacarlo a la luz, tenía que sentir bondad de otro corazón más fuerte”, Arcángel Uriel


Caminaba errante perdido en el inmenso mundo, era el Arcángel Uriel, quien cayó del reino perpetuo del cielo al tortuoso y enredado abismo humano.

A su paso por el mundo mortal, él se sacrificó para perdonar pecados ajenos, quedando maldito: perdió ambas alas, fue condenado en un cuerpo mortal de día y en una animal de noche, padeciendo el pesar de los lobos; cual otro sino que ser abandonado por su manada y lamerse las heridas en agonía.

Pasaron noches y días, parecía que no habría respuesta alguna al cambio, que nunca podría encontrarse un retroceso. Maldecido a permanecer en un mundo alejado de su percepción, pensó en acostumbrarse… Sin embargo el resultado fue fatal, observó guerras y desastres, destrucción y dolor, muerte y desesperanza, traición y engaños, impunidad y desamor…

Cansado de andar tantos siglos, intentó una vez más entrar en el pensamiento humano:
“Talvez si intervengo en estas peleas, logre hacer una diferencia, pueda limar las asperezas”, pensó ingenuo sobre el comportamiento de los terrenales.

Poco fue el tiempo que pudo ayudar: sus fuerzas no eran las de siempre, pues condenando en un nuevo cuerpo, estaban limitadas. Sin embargo la mezquindad humana utilizó sus habilidades ajenas a ellos, a favor de sus codicias; usaban su poder de sanar para alargar la vida de reyes y dictadores; ocupaban su humildad para engañar a sus enemigos y profanar sus secretos; usaban su aliento y su voz para llamar al pie de guerra…

Tras acabar con sus ánimos y su maltrecho e inservible cuerpo, fue abandonado en una prisión, donde escribió sus vivencias para recordar antiguos errores para así, evitarlos. Debido a su incansable alma e inagotable energía, jamás se rindió en su lucha por regenerar el carácter humano, todos sus días pasó buscando el amor en lo profundo de las almas mortales.

En el tiempo que permaneció aprisionado dejó este pequeño prólogo, esperando a que alguien escuchara sus primeras palabras de una historia larga y dolorosa.

En ese escrito, se puede leer: “me preguntó cuando estaba tirado en el piso, porqué no lo atacaba, porqué no destrozaba el cuerpo humano de mi carcelero. Al fin sobrehumano, podría hacer algo para tomar venganza. Yo respondí que no me quedaban fuerzas para ponerme en pie, y además de que sí las tuviera, no lo haría por 4 sencillas razones, honor, piedad, bondad y orgullo. El prisionero río y con una cara de desdicha me dijo que cómo alguien tan patético cómo yo podría tener honor o piedad, o si me decía ser un arcángel, cómo podría tener orgullo, y cómo si me habían maltratado, engañado, avergonzado y humillado, podría hablar de bondad. Yo sólo me quedé en silencio unos segundos para tomar aire para responder, lo mire y con una voz centrada y sin dolor, respondí que no podía golpearlo por mi orgullo de ser un guerrero al servicio de lo bueno, por estar feliz y cómodo con mi causa; no lo podría golpear por mi honor, pues era más fuerte y por el contrario, debía protegerlo de sí mismo y de sus semejantes; no lo podría atacar por piedad, pues sentía tristeza por su alma y por sus emociones, que en ese momento se encontraban dispersas y alejadas de la luz; y finalmente le dije que no lo podría hacer por bondad, por que en el fondo de su siniestra máscara de horror, se encontraba un corazón bondadoso y amable, cual por el tiempo y destino, tuvieron que encerrarse del mundo exterior, por lo que tenía que ser llamado, y amenos que no mostrara bondad, jamás volvería a salir ese corazón atormentado y oculto en tinieblas”.

Continuará…

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Historia de una vida al borde del dolor by José Uriel Gómez Raga is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 México License.
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