Estaba solo en un río sin fin cuando tus sentimientos me llamaron, ocasionando un unísono eco en mi interior, que lentamente me regresó a la vida… No necesitaste pronunciar mi nombre, pues tu corazón anhelaba el mío, y ese fue el distintivo con el que me llamaste.
Después de que Miztli salvara a Citlalin creyendo que era su amada Noche, quedó tirando y lleno de sangre, con múltiples quemaduras y heridas en el cuerpo. Todo apuntaba a que no sobreviviría.
Citlalin lo llevó ante su padre, quien ordenó que lo curaran lo antes posible. Aquella mujer tan misteriosa que Miztli confundió con su amada Noche, estaba muy agradecida por la noble acción, pero se encontraba llena de preguntas: ¿Quién era él? ¿Por qué la había salvado?... Todas aún sin respuestas.
Habían pasado días desde la guerra que había destrozado aquella ciudad, pero Miztli aún continuaba débil. Los curanderos decían que ya estaba rumbo a las aguas de Xibalbá. Parecía que no había una solución y el misterioso guerrero moriría, pero Citlalin pidió hacer lo que estuviera en sus manos para salvarlo, no importaba el costo que tuviera, tenían que ayudarle. Nadie respondía nada, nadie tenía una respuesta, salvo que Miztli moriría sin que alguien pudiera hacer algo. Citlalin lloró, se encontraba desesperada porque no podía hacer nada por quien la salvó, pero en ese momento de desesperación y dolor, juró que no se rendiría y haría todo lo que estuviera a su alcance, sin importar lo que pasara…
Dentro del grupo de curanderos, salió un viejo que dio una respuesta: “si en vedad quieres salvarlo y estás dispuesta a arriesgarlo todo, entonces hay una esperanza, pero si fallas, compartirías el destino del guerrero”. Ante tal situación Citlalin tuvo un momento de calma. No lo pensó dos veces y accedió sin saber que tenía que hacer. El viejo le pidió que por el momento se marchara, él prepararía todo para salvarlo: “ahora ve con tus seres queridos, haz todo aquello que siempre anhelaste, no dejes a nadie sin despedirte, porque éste podría ser el último momento que lo verías”.
Citlalin partió de ese lugar y los curanderos le preguntaron al viejo cuál era esa opción, si Miztli ya se encontraba del otro lado del umbral y sólo alguna deidad podría traerlo de vuelta, el viejo sólo río: “eso es verdad, sólo alguna deidad podría traer de vuelta al guerrero, pero si en verdad ella quiere llegar al final, entonces podría haber una opción”.
Citlalin no tenía miedo en su corazón, y por el contrario se encontraba lleno de esperanza y alegría. Ella acudió con su padre y le contó lo ocurrido, a lo que él le respondió que si esa era su decisión la apoyaba, sin importar lo que significara. Citlalin le advirtió lo que el viejo le dijo: si fallaba ella podría perder la vida…
Pasó una noche entera antes de que regresara a donde Miztli… Se despidió de todos aquellos a quienes les tenía un cariño, incluyendo un sin fin de mascotas. Estaba dispuesta a arriesgar su vida para salvar a Miztli. En su corazón había varias preguntas que giraban entorno al guerrero, y sólo había una respuesta: lo salvaría no para devolverle el favor, sino para saber más acerca de ese corazón que demostró tanta bondad, nobleza y fortaleza. Quería conocer más acerca de esas manos que tenían fuerza y bondad…
Llegó al lugar donde el guerrero yacía, y los curanderos habían preparado otra cama a lado de él. El viejo estaba sentado y en sus manos tenía un pequeño cuchillo de hueso; le explicó que para salvarlo tenía que ir a donde estaba y traerlo de vuelta, pero si dudaba un momento o el guerrero se negaba a acompañarla o no le daban paso hacia ese camino, ella moriría en el intento: “el sólo ritual es peligroso, tienes que dar en sacrificio la mitad de tu sangre para abrir el camino hacia donde él está. Después de hacerlo, caerás en un sueño tan profundo como la misma muerte y verás el lugar a donde va el guerrero. Sin embargo antes de poder alcanzarlo, tendrás que conseguir la protección de Itzam Ná, quien te la dará sólo si en tu corazón los sentimientos están tranquilos y saben cual es su meta”.
Citlalin no dudó, pues sabía que su corazón estaba en paz. Se dispuso a continuar con la tarea. Se recostó y tomó la mano del guerrero, estaba fría, casi congelada, parecía que en ese cuerpo ya no había más vida. Colocó su otra mano en el pecho y dio la mitad de su sangre para poder entrar al otro reino. Durmió…
Abrió sus ojos y pudo ver un lugar lleno de oscuridad, a donde viajaban muchas personas sin pronunciar palabra. Ninguno de los que se encontraban en ese camino tenía conciencia, sólo caminaban hacia una cueva que en su interior tenía un río. Ella caminó tratando de encontrar al guerreo que la salvó. Su mente y corazón sonaban al mismo tono: traerlo de vuelta.
Se perdió entre el camino y por más que buscaba no encontraba al guerrero. Gritó una y otra vez tratando de conseguir una respuesta: “soy yo, tú me salvaste, recuerda, soy la mujer que entre tus brazos protegiste”, pero ni una esencia se inmutaba, sólo seguían su lúgubre camino. Siguió gritando sin conseguir una respuesta. Ya su cuerpo empezaba a sentir una pesada carga, y su mente comenzaba a nublarse perdiendo conciencia, pero su corazón seguía en pie y sin rendirse gritó una vez más desde su interior, logrando que sus emociones y anhelos fluyeran a través de sus palabras… Ni una de las almas se inmutó, pero de entre las sobras salió un anciano sin dientes y con barba. El anciano se le acercó y la miró con asombro: “¡Que alma tan viva! Es raro encontrar aquí a alguien que tenga conciencia, por lo general sólo caminan sin sentido. Pero dime niña ¿Quién eres tú y que haces aquí? No te quedes en el piso sin decir nada, ande levántate”.
El anciano la levantó de un solo golpe; ella se quedó sin saber que hacer ante tal situación, pero en ese momento recordó que antes de poder encontrar al guerrero tenía que conseguir la protección de Itzam Ná: “soy Citlalin, y he venido a buscar a un guerrero que me salvó la vida, pero antes tengo que conseguir la protección de Itzam Ná. Por favor si sabes dónde está, dímelo”.
Después de oír eso, el anciano le dijo que estaba de suerte pues él era Itzam Ná: “pero no creas que sólo mi protección te va a ayudar para salir de aquí. A este lugar sólo llegan los muertos, y por eso una vez que entran nadie puede salir”.
Citlalin le rogó para que le ayudara a encontrar al guerrero. Sin embargo Itzam Ná le dijo que tenía cosas más importantes que hacer, y que su ayuda no serviría de mucho. Pero ella insistió: “ese es el deseo de mi corazón”…
Itzam Ná le preguntó que si en verdad ese era el deseo de su corazón: “sí eso en verdad es lo que deseas desde lo profundo de ti, te llevaré hasta donde esta él, pero sólo tú lo podrás traer de vuelta, y si dudas o ese no es el deseo de tu corazón, ambos morirán”.
Citlalin no temió ni un minuto y le dijo que ese era lo que anhelaba su corazón, y que estaba dispuesta a arriesgarse para traer de vuelta al joven guerrero. Itzam Ná le tomó la mano y en un haz de luz la llevó hasta lo profundo de una cueva, en donde comenzaba un extraño río oscuro como la sangre.
Itzam Ná le dijo que aquí estaba el guerrero, pero que para encontrarlo tenía que gritar su nombre, pero Citlalin no conocía el nombre del guerrero, lo único que conocía era sus sentimientos y sus ojos. Itzam Ná le dijo que cual era el problema: ¿Acaso no sabes nombrar a la gente? Entonces el grito de hace un rato, ¿no fue tuyo? Mira niña para nombrar a alguien no hace falta decir una palabra, sólo debes sentirlo desde dentro de ti. Y sí en verdad el deseo de tu corazón es encontrarlo, no deberías tener problemas para hacer que él venga a ti, y te revele su identidad”.
Citlalin se quedó calmada, estaba dispuesta a llamarlo como le habían dicho. Se relajó lo más que pudo y buscó en el fondo de ella las emociones que le habían llevado a tomar esa decisión. Calmó su ser y en un unísono coro impulsado por sus sentimientos y anhelos gritó una vez más: “soy yo, la mujer que salvaste de las llamas… Responde… Te he estado buscando… Por favor atiende mi llamado”… Al exclamar esas palabras, una sombra surgió desde las aguas, era Miztli.
Miztli se le acercó a Citlalin y le nombró su identidad. Después le dio la espalda y continuó por su camino hacia el río. Pero Citlalin no le permitió partir, lo tomó de la mano y le pidió que regresara con ella: “ven conmigo, te he estado buscando durante muchas noches; te lo ruego”. Sin embargo Miztli no oía razón alguna, pues él en verdad deseaba quedarse en ese lugar; él sólo le dijo que se fuera, que en el mundo del que ella venía no había nada para él. Citlalin le pidió que lo acompañará: “talvez no sea nadie para ti, pero tú me salvaste, ¿Lo recuerdas? Me sacaste de una casa en llamas y arriesgaste tú vida por mi”.
Miztli respondió que en realidad creyó salvar a su amada Noche: “en realidad acudí a ese lugar porque pensé que mi amada estaba ahí, nunca pensé que fueras tú”.
Citlalin: pero… sí eso fuera cierto, entonces los sentimientos que demostraste también lo son; tú me protegiste y cuidaste hasta la muerte. Por ello, yo decidí darte una oportunidad, así como me la diste a mí… No me dejes partir sola, por favor… por ese amor y decisión que tomaste en aquel momento, acompáñame de regreso…Mi corazón te lo ruega…
Miztli sólo suspiró y negó con la cabeza, y de nuevo trato de regresar a su camino… Citlalin en un último intento por regresarlo a la vida, lo tomó entre sus brazos: “no sé mucho de ti, sólo he podido ver tus sentimientos a través de tus acciones, y ellos me llaman… Antes de caminar por mi destino, por favor devuélveme la vida, pues desde hace varios años mi corazón no tiene un anhelo que seguir, y al encontrarme contigo lo tuvo. Así que por favor permíteme tocar de nuevo esa sensación de calor y tranquilidad en mi interior… Devuélveme la vida”.
Después pronunciar esas palabras, Citlalin abrazó a Miztli y poco a poco se acercó a sus labios, para finalmente besarlo: “gracias Miztli, me has recordado lo que es vivir…”.
En ese momento el aire cambió momentáneamente, volviéndose más suave, y el semblante de Miztli se esperanzó de nuevo; poco a poco se veía envuelta en luz, y su corazón recuperaba sus latidos… Pronto ambos pasaban por el mismo efecto.
De la entrada de la cueva salió un haz de luz que los envolvió a ambos, todo en un mismo movimiento y tono. Pronto se comenzaron a alejar de ese lúgubre lugar…
Itzam Ná que estaba viendo todo, rió y pronunció estás palabras a Citlalin: “parece que si era el anhelo de tu corazón. Ambos se encontraban muertos por dentro; Miztli no quería regresar porque no tenía razón, y tú no querías regresar sin él porque era tu motivo, él te devolvió la vida con sus acciones impulsadas por sentimientos... Ese beso acercó el amor que hay en el corazón de Miztli al tuyo, y viceversa; eso es lo que logró sacarlos de este destino…”.
[Fin capitulo dos]
“Tú me trajiste a la vida. Durante mucho tiempo caminé sólo por la acción de hacerlo; sin motivo y rumbo. Y en tus palabras encontré algo que me llamó. No pronunciabas mi nombre, pero en el fondo tus anhelos me llamaban una y otra vez. Entonces mi camino tomó un rumbo inesperado. Extrañamente sentí como una calida mano tocaba el fondo de mis sentimientos, lo hacía de una manera calida y tibia. Tú me devolviste a la vida, y por eso no necesito decir tú nombre, pues el sólo anhelo de mi corazón hace referencia a tu figura… Te llama, pues te ha esperado por muchas noches… Y la forma en la que acerco tus sentimientos con los míos es así: llamando tu cariño con mis acciones y emociones…”.
Quién?
Gracias por leer!!!
La mayoría de las publicaciones aún son borradores... Me despido no sin antes decir: Tras las acciones, un lleno total; tras las propuestas, un gran público; en la batería, un lobo; y en la voz e inspiración y no menos importante y al contrario, lo más importante, tú: una flor azul detrás de mis pensamientos… Gracias totales!!!

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